Extrañas apariencias                                                                                                                                   (VOLVER)

 

          Por Mercedes Casanegra - Asociación Argentina e Internacional de Críticos de Arte. Catálogo Centro Cultural Recoleta.

 

"Andrea Moccio es una artista cuya formación comenzó de manera académica en las escuelas de bellas artes con dedicación a la pintura. Pero, luego su camino tomó atajos insospechados al encontrarse en Francia, por medio de una beca, en un taller dirigido por Christian Boltanski y poco más tarde en una especialización en serigrafía en el taller Arteleku en San Sebastián, España, dictada por Manuel Bello. Corría 1998 y habían transcurrido ocho años desde su partida. Con aquel bagaje Moccio regresó a Buenos Aires, a cuyo medio artístico se reinsertaría justamente a través de la práctica y la docencia de la serigrafía, oficio que ya manejaba con destreza extrema, pero sin saber aún que se convertiría en herramienta fundamental de su producción futura. Así integró el Grupo de Indias en la producción de objetos gráficos hasta su disolución. Los pasos siguientes serían decisivos en la consecución de objetivos escondidos todavía para la artista.

 

Sin afirmar con plena certeza que la crisis argentina de fin de 2001 funcionó como detonante, a partir de entonces su proceso creativo manifestó un giro decisivo. La restricción en el acceso a materiales variados y múltiples hicieron que la artista apelara a estrategias inusuales en la construcción de sus obras. Razones aleatorias y diversas la habían llevado a encuentros circunstanciales con materiales no convencionales como la plastilina y a la prueba de imprimir sobre la misma. Había llegado el momento de retomar aquel camino. Guías de teléfono, gomas, se contaban entonces entre los nuevos materiales que la artista comenzaría a usar, esta vez, de manera consciente y expresa.

La flexibilidad, la maleabilidad y la blandura parecían ser las propiedades buscadas por Moccio en sus próximos elementos a tratar, las que se convertirían en rasgos definitorios de sus obras futuras. Las guías, aquel material casi anónimo, casi en vías de desaparición a causa de la digitalización, en su primordial ductilidad, se volvió protagónico en la obra de Andrea Moccio. La guillotina de imprenta ingresó como otro instrumento aliado. Los cortes transversales efectuados a los cantos de las guías dieron por resultado extraños fragmentos que son simultáneamente soportes de singulares diseños que surgen de la suma de letras impresas, además de otras impresiones serigráficas realizadas por la artista.

 

Este conjunto de obras que Andrea Moccio presenta en el Centro Cultural Recoleta pertenece a aquella raigambre, que comenzó a gestarse a fines de 2001 como una obra abierta.

Moccio generaba un lenguaje tan propio como difícil de definir. El azar y el juego se tornaron en sus aliados permanentes. Así habían surgido “Poesía blanda”, 2000, impresa sobre plastilina negra, “Eclipse de leche”, 2001, impresiones sobre galletitas redondas dulces, y de la manipulación con las guías, toda la secuencia de esta serie. La guía de teléfono es un elemento ambiguo, de aspecto tan anónimo como cotidiano, por una parte, y sin embargo, hasta hace poco tiempo casi el único medio que poseía los datos básicos para encontrar a cada individuo en su lugar de residencia. También se podría apelar a ella como metáfora del estado de la humanidad actual: el aspecto bifaz de la misma. De un lado, la irrevocable uniformidad, de otro, la explosión de la riqueza de los mundos particulares.

Lo que la artista hizo fue ‘dislocar’la forma funcional original de esos volúmenes para transformarla en extrañas apariencias. De la manipulación lúdica, como improvisaciones con un instrumento, surgieron las bizarras formas de características múltiples. “Máscaras que no son máscaras, alas que no son alas, plumas que no son plumas”, intenta definir Moccio.

Se hace evidente en la observación de las mismas que, aunque fijadas, hay algo en su naturaleza que resulta provisional, momentáneo, efímero. Se trata de algo central en su exégesis. Tanto es así que se las ha interpretado como ‘animaciones detenidas’, como instantes de una secuencia, como huellas de un proceso. Esta noción de transcurso es fundamental en la obra de Andrea Moccio, más aún que los propios materiales con los cuales trabaja. Es más, podría decirse que ellos son la resultante de este rasgo. Y el mismo se ha hecho extensivo a otras obras que hoy componen la muestra: guirnaldas realizadas con papel de guías, protectores de llantas de bicicleta difíciles de hallar en el mercado local, etc., elementos blandos. Así como Claes Oldenburg tornaba blando lo que era duro, Moccio busca la blandura para tornarla fija en instantes aparentes. Esa propiedad transformadora, inestable, al ser producto de su virtud lúdica y móvil, invita también, por empatía, a participar de ese juego. Las formas del artista americano, al cambiar su materialidad, manifestaban un tipo de ‘cansancio’ orgánico, las de Moccio se exhiben desestructurantes también, pero manifiestan en su conjunto un clima de ritual primitivo, carnavalesco, vitalizante.

Las obras de Andrea Moccio intentan producir un cambio en el status del arte que emerge de las sociedades posindutriales. Este llamado a ser-activo-con(1) es una apelación a una experiencia participativa, a un hiato festivo, a cortar con el carácter funcional del tiempo en la vida hiper-urbana. Por otra parte, el eje de movilidad y blandura formula una acción de marcha revertida en la reificación del mundo que acarrea nuestra cultura.

“La guía toma vida, se convierte en medusa, ser biológico, se vuelve a convertir y es blanda, objeto encontrado, arcaico, múltiple, leve”, decimos con la artista. "

(VOLVER)